INTRODUCCIÓN
PALABRAS DE LA AUTORA:
(Fragmento)
Comencé a
escribir, a expresar por escrito en verso y luego en prosas sueltas mi sentir
erótico, mis ensoñaciones, mis sueños eróticos después de enviudar.
Supongo
que de alguna manera mi psiquis reproducía en sueños lo que no estaba viviendo;
mejor lo que no me permitía vivir en la realidad.
Estaba
sumergida en mi trabajo, mis responsabilidades y no dejaba espacio para
mantener relaciones de afecto, de amor, ni siquiera de intimidad (sólo sexo); mientras estaba criando a
menores de edad (mi hija y mi hijo) luego del fallecimiento trágico de mi
esposo.
Aunque
fueron ellos, una vez que llegaron a la adolescencia, quienes me indicaron que
necesitaba relacionarme, salir, distraerme…,
sin por supuesto, llevar a mi pareja,
a mi “amigovio” a la casa; ya que no respetarían ni aceptarían alguien
que reemplazara a su padre dentro de nuestra vida en común.
Lo que
menos pensé cuando comencé a salir en que existía un hombre que me atraería físicamente, que me invitaría a mantener
relaciones más íntimas.
Pero…, Con
el transcurrir eso sucedió.
Durante las primeras citas (llamemos a las cosas por su nombre) decepcionaba o frustraba a quien intentaba infructuosamente llevarme adonde se lleva a una mujer para hacer el amor (a un telo).
Yo volvía contenta porque no había tenido que atender más que a una cena, a una charla amable, acompañar a una exposición, a un concierto, al teatro (si era artista plástico o músico o actor) Y cuando llegaba el momento en que (se ve en todas las películas) había que despedirse; no invitaba al hombre a ingresar al domicilio y tampoco hubiera concurrido a un sitio apropiado sin tener una fuerte necesidad de mantener una relación sexual.
Hasta
que…, Siempre llega la oportunidad, conocí a J.
Ya desde
el instante mismo en que ingresó al sitio adonde me encontraba, supe que
nuestras miradas lo decían todo. Además de su profunda mirada, su aspecto de
hombre bien educado, con gestos amables, una forma de presentarse con respeto, admiré
sumado a todo ello, un poderoso atractivo físico.
En la
primera vez, no pasó nada. Aunque escribí este poema en cuanto llegué a la casa
y me dije: - si volvemos a encontrarnos querrá decir que es el hombre indicado,
a quien, mi subconsciente estaba aguardando…
“Estaba detenido ante sus ojos
Esbelto.
Con mirada penetrante
De lince
Al acecho.
Sin ruidos
Sin hacer
notar su presencia
A la
espera…
A la espera de alguien
Que
percibiera su ser
Su todo
armónico
Su mente
en suspenso…
Ella detuvo en él su mirada.
Para
hallar un Universo.
Él sostuvo la
mirada…
Y quedó
sumergido en ella.
Para
siempre…”

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